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"COVID-19. Ejercicio físico para mejorar la inmunidad"

"COVID-19. Ejercicio físico para mejorar la inmunidad"

Publicado el 11 de Mayo de 2020
Recomendaciones para la salud

Artículo del doctor Nicolás Terrados, director de la Unidad Regional de Medicina Deportiva del Principado de Asturias-Fundación Deportiva Municipal de Avilés

El doctor Nicolás Terrados en una imágen de archivo El doctor Nicolás Terrados en una imágen de archivo

Se sabe que el ejercicio tiene un impacto profundo en el funcionamiento normal del sistema inmune. Se ha demostrado que, ejercitarse regularmente a intensidad moderada mejora la respuesta inmune, disminuyen la inflamación crónica y mejoran varios indicadores inmunes en varias enfermedades, entre las cuales se incluyen el cáncer, el SIDA, la enfermedad cardiovascular, la diabetes y la obesidad.

La pandemia del COVID-19 ha hecho que el distanciamiento social y el confinamiento puedan tener un efecto negativo en la inmunidad: los glucocorticoides como el cortisol se elevan durante períodos de aislamiento y confinamiento y pueden inhibir muchas funciones críticas de nuestro sistema inmune.

Cada sesión de ejercicio, en particular el ejercicio cardiorrespiratorio dinámico que involucra todo el cuerpo, moviliza de forma instantánea literalmente miles de millones de células inmunes, especialmente aquellos tipos de células capaces de ejecutar funciones efectoras tales como el reconocimiento y eliminación de las células infectadas con virus.

En este sentido, es de vital importancia que intentemos mantener nuestros niveles de actividad física dentro de las pautas recomendadas. No solamente puede haber un efecto positivo directo del ejercicio en las células y moléculas del sistema inmune; se sabe también que el ejercicio puede contrarrestar los efectos negativos del estrés por aislamiento y confinamiento sobre varios aspectos de la inmunidad. A pesar de que actualmente no existen datos científicos acerca de los efectos del ejercicio sobre los coronavirus, sí hay evidencia de que el ejercicio puede proteger a las personas de muchas otras infecciones virales, incluyendo la gripe, los rinovirus (causantes del resfriado común) los virus relacionados con el herpes.

Es probable que al mantenernos activos impulsemos nuestro sistema inmune para ayudar a reducir al mínimo los efectos perjudiciales del virus, para mejorar nuestros síntomas, para acelerar nuestra recuperación y para disminuir la probabilidad de que podamos infectar a otras personas con quienes entremos en contacto.

De manera más específica:

Cuando se está activo, los músculos producen compuestos que mejoran el funcionamiento del sistema inmunitario y reducen la inflamación (Hojman, 2017). Por lo tanto, la actividad física fortalece los dos procesos biológicos que reaccionan a la infección. Aunque no se han realizado estudios de los efectos del ejercicio con pacientes con COVID-19, los efectos de la actividad física sobre la inmunidad, la inflamación (Campbell y Turner, 2018; Hojman, 2017; Jones y Davison, 2019; Lee et al., 2019; Meneses-Echávez et al., 2016; Miles et al., 2019) y las infecciones respiratorias virales (Nieman & Wentz, 2019) están bien documentadas. Debido a que los músculos representan el 30-40% del peso corporal, pueden ser un poderoso aliado para combatir el impacto de la infección, pero solo cuando se usan los músculos. La actividad física de intensidad moderada, es beneficisa para la inmunidad, pero el ejercicio vigoroso extremo, como correr un maratón, reduce temporalmente la función inmune (Nieman & Wentz, 2019). Así pues, si toda la población realizara una mayor actividad física, se podría reducir la cantidad de personas infectadas que requieren hospitalización.

Hay que recordar que la actividad física es efectiva tanto para prevenir como para tratar enfermedades cardíacas, diabetes y ocho tipos específicos de cáncer (Powell et al., 2019), las cuales aumentan el riesgo de enfermedades graves y muerte entre las personas infectadas con el coronavirus. Ahora tiene sentido alentar a las personas, especialmente aquellas con enfermedades crónicas, a que sean moderadamente activas antes de enfermarse, para reducir la gravedad de la enfermedad después de la infección. Debido a que la actividad física tiene efectos inmediatos sobre el funcionamiento inmune y la inflamación (Hojman, 2017).

Además el confinamiento puede aumentar el estrés. El estrés psicológico crea desequilibrios entre el cortisol y otras hormonas que afectan negativamente el sistema inmunitario y la inflamación (Adam et al., 2017). El estar físicamente activo tiene importantes beneficios para la salud mental y para disminuir el estrés y reducir los síntomas de depresión y ansiedad (Basso et al., 2017 ; Powell et al., 2019),

Fuentes: Recomendaciones del Colegio Americano de Medicina Deportiva (ACSM). Y del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, USA)

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